sábado, 20 de junio de 2020

Insuficiente y Contradictorio

Durante la presente jornada, sábado 20 de junio, Bolivia registró la cifra más alta de contagios por covid-19 en lo que va de la pandemia: 1.036 casos confirmados. La cifra total en el país asciende a más de 23.512 casos, donde la ciudad de Santa Cruz ostenta el triste récord de ser la que presenta la mayor cantidad de contagios. La estadística que indica que los casos diarios por coronavirus, desde ahora, superarán el millar de contagiados es lamentable; pero más lamentable es el hecho de ver la consecuente inoperancia de las autoridades de gobierno.

La cuarentena, como la medida más preponderante que en Bolivia se adoptó para hacerle frente al virus, que obedeció más a una suerte de reacción en cadena, tras su aplicación en las primeras regiones que presentaron los contagios por coronavirus (China, Italia, España), tal vez pudo ser, en su momento, la alternativa más seductora que se presentó en la cabeza del Gobierno. A la fecha podemos decir que la misma, no solo no logró gran parte de su cometido: frenar la escalada de contagios, sino que fue óbice del surgimiento de aún más obstáculos para la contención de esta pandemia.

El surgimiento de una nueva amenaza a la economía de las familias, debido al impedimento de salir a trabajar; la vulneración de varios derechos humanos de las personas, teniendo como claro ejemplo el dejar varados, sin poder ingresar al país, a cientos de compatriotas en las fronteras; el completo descuido que sufrió la esfera académica a la hora de pretender rediseñar un esquema que se adecue a la realidad de muchos estudiantes; las exageradas, y además desacatadas, sanciones establecidas para quienes incumplían la cuarentena, son solo unas cuantas de las muchas contradicciones de las que fue protagonista el Gobierno de turno.

Véase que todo este recuento de dificultades que se han presentado a nuestras autoridades no contempla aún el incurrimiento en hechos de corrupción por parte de las mismas. Y es que éste no es un suceso aislado y apartado de análisis, ya que, en la medida en la que se fueron suscitando estas faltas contra el Estado, se fueron perfilando como el principal detonante para develar el desgaste de un gobierno que agoniza día a día.

Aún sin mencionar los ejemplos, cada vez más contundentes, de las adversas condiciones sanitarias en las que se ha pretendido encarar una pandemia como esta, existen cada vez más elementos para denotar la inoperancia con la que se han desenvuelto las autoridades gubernamentales, departamentales y municipales. Prueba de ello es la contradictoria medida de flexibilizar una cuarentena (muy anticipada) durante uno de los picos más altos de contagio, establecidos por los expertos de la salubridad.

Lejos de echar por la borda los intentos de contención de la pandemia impulsados por el Gobierno, la premisa siempre será la de buscar lo mejor para las personas, o al menos la mayoría, ya que un beneficio general siempre es utópico. La tarea ahora es mucho más difícil, tal vez no tanto por la escalada de contagios como por el nuevo imaginario social de convivencia y desmitificación del virus que va adoptando cierta parte de la población tras reanudar, en cierto modo, sus actividades cotidianas.


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Maira Gall