sábado, 11 de abril de 2020

Todo Menos Arrastrarse

Existe un conocidísimo adagio que, por su factible aplicabilidad a las diferentes metáforas de la vida, hizo mucho eco a través del tiempo: “en el amor y la guerra todo se vale (...)”. No obstante, esta frase, dentro del subconsciente de las personas,  ha sido óbice para justificar la búsqueda y utilización de todo tipo de herramientas que posibiliten la obtención de algo, dejando de lado los aspectos éticos. En Bolivia hay un spot televisivo que ha fallado en ese intento.

La terapia de “shock” masivo- para quienes aún no lo sepan- se ha convertido en una muy atractiva estrategia que pretende la obtención de resultados a través de elementos que produzcan impacto en las personas; de cierta forma, el impacto atrae, y la atracción vende. A la hora de pretender “concientizar”, o al menos sensibilizar al público, la tarea se complejiza de sobremanera, pues hacer profundizar en el conocimiento de la realidad de las personas, sobre un aspecto negativo como el coronavirus, no es lo mismo que venderles un producto “positivo”.

Ahora bien, un spot que le otorga voz a la pandemia que ha azotado a más de 184 países ciertamente podría ser considerado algo intimidante, sin embargo, no está ahí el error. El problema hace, una vez más, alusión a una falla de fondo, no de forma. Pues en un contexto como el nuestro, una propaganda así no es ni será productiva, los hechos lo están demostrando. Ni siquiera el spot más transgresor lograría un cambio de actitud de las personas, pues la raíz de su “desobediencia”, obedece, valga la redundancia, a otro aspecto más grande.

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Maira Gall