El analista político italiano,
Giovanni Sartori, a la hora de hablar de la noción de la democracia, tocaba el
tema de cómo deben articularse quienes ostentan el gobierno, esto a la hora de
referirse respecto al porcentaje que no logró obtener el mismo. Esto también aplica
a las personas que votaron por el ganador, en relación a quienes no. La
respuesta que Sartori ofrecía era que una de las obligaciones que poseía la
parcela que ostentaba el poder era la de no ir en contra de quienes se oponían,
manteniendo el respeto hacia los mismos.
A primera vista, la concepción de
una acción política que beneficie a unos perjudicando a otros se oiría
irracional, incluso inoperante, considerando los preceptos del diseño de los
planes de acción, propios de la incidencia política. Sin embargo, sería
necesario hacer una introspectiva y preguntarse uno mismo si acaso no es eso
lo que muchos gobiernos han hecho a lo largo de la historia.
El asunto, en cuestión, es que
esa noción, tan apropiada por la gente, del “beneficio de la mayoría” es un
arma muy nociva, pues una vez que se socializa un proyecto que traerá “desarrollo” para la comunidad –de la mano de
la colaboración de los medios que moldean la opinión pública- es difícil
oponerse al mismo, y mucho más si se está frente a una mayor cantidad de
personas que aprueban la propuesta.
A su vez, los mecanismos de
diálogo y debate de propuestas para planes de acción son muy poco utilizados,
los espacios, en ciertas regiones, ni existen. Sin duda, un muy preocupante
panorama de cara al impulso y la promoción de la actividad política en las
personas, mediante de espacios de participación e igualdad.
El reto de mejorar las
condiciones de socialización, discusión y análisis de las propuestas de acción
que nos ofrecen o formulamos nosotros mismos es una labor pendiente que
requiere del compromiso de los impulsores de estas estrategias, de la mano con
la participación de las partes involucradas directamente. Por lo demás, un
ejercicio muy provechoso para cada uno de nosotros sería ponernos a pensar y
analizar sobre los intereses ignorados de las personas que, en su momento, se
opusieron a las ahora grandes obras, propias del “desarrollo” que nos han ido
ofreciendo nuestros gobernantes.
Antonio, evita el pronombre demostrativo "esto" que figura en exceso en el primer párrafo.
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