Los seres humanos somos complejos
en todo tipo de formas, pues podemos compartir un sinfín de aspectos en común con los demás, y al mismo tiempo
poseer las discrepancias más variopintas. No obstante, una particularidad que
se hizo muy común en varias personas es la de valorar más las cosas cuando
menos gente la utiliza o siquiera sabe de ella. Esta perspectiva era la que
muchas personas preponderaban a la hora de aventurarse en el universo de las
redes sociales.
Es inevitable hablar de redes
sociales sin mencionar a la embajadora de las mismas: Facebook. Desde su
concepción en el 2004 y con un crecimiento tan exponencial, abarcando más de
2.449 millones de usuarios, Facebook es el exponente principal para denotar las
diferentes aristas sociales que las redes sociales han desencadenado, –lejos de
lo que sus mismos creadores habrían imaginado-.
Dentro del abanico de las tantas
críticas que se le han hecho a las redes sociales, existen aspectos que, a
veces, ni siquiera han sido tomados en cuenta, uno de ellos es la tan aclamada
“democratización” que nos han significado las mismas. ¿Cómo podemos sintetizar tal aspecto? Simple: “en las redes, todos
tienen la misma libertad para expresar sus ideas y opiniones”. El meollo del
asunto es ver si el ejercicio democratizador virtual es dinámico y auténtico; o
solo es uno más de los vacíos exponenciales que nos prometen las redes.
El ya fallecido escritor y filósofo
italiano, Umberto Eco, afirmó en una ocasión, que las redes sociales “le daban
el derecho a hablar a legiones de idiotas”. De seguro que para muchos, tal
declaración, llegó a ser excesiva; mientras que para otros, el escritor
italiano “dio en el clavo” a la hora de describir el conglomerado de usuarios
de las redes sociales. ¿Quién tiene la razón?, por lo pronto la respuesta se la
dejo a cada lector…
Toño, muy bien.
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