sábado, 18 de abril de 2020

¿La primera pandemia positiva?, No


Sin duda  el tema general que se ha apropiado de todas las miradas es la actual emergencia que vive el planeta por la pandemia del coronavirus (Covid-19). De ello desprenden una serie de perspectivas, que en singular no tendrían mucha cabida; pero en conjunto forman un criterio público que resulta difícil de eludir. Uno de esas perspectivas que se manejan, a más de cuatro meses de haber surgido la pandemia, es la de mirar adelante y anticiparse a los diferentes escenarios posibles que podría configurar la actual crisis.

Ciertamente ya se ha dicho todo lo que tenía que decirse respecto a las repercusiones que, seguramente, va a generar la actual pandemia. La esfera económica es la más analizada, potenciales recesiones, eventuales concesiones por parte de los gobiernos, conforman las secuelas de un capital detenido a causa del estancamiento de las actividades laborales. Otros, por su parte, se inclinan por ver los efectos en la esfera social, ambiental, etc. Sin embargo lo verdaderamente peligroso sería escudriñar en posibles “beneficios” de esta pandemia global.

El nuevo “renacimiento ambiental”, como efecto concreto de una pandemia que se ha cobrado miles de vidas, es una visión contradictoria, pero muy socializada y aceptada. Y es que si bien es innegable denotar que se han dado las condiciones para un espacio menos nocivo para nuestro ecosistema, no podría compensar las innumerables vidas perdidas, familias destrozadas y diferentes aspectos negativos que ha traído este virus. Personalmente, estoy convencido de que el ser humano es también parte ese medio ambiente, y de que las consecuencias no pueden ser visualizadas como positivas..

sábado, 11 de abril de 2020

Todo Menos Arrastrarse

Existe un conocidísimo adagio que, por su factible aplicabilidad a las diferentes metáforas de la vida, hizo mucho eco a través del tiempo: “en el amor y la guerra todo se vale (...)”. No obstante, esta frase, dentro del subconsciente de las personas,  ha sido óbice para justificar la búsqueda y utilización de todo tipo de herramientas que posibiliten la obtención de algo, dejando de lado los aspectos éticos. En Bolivia hay un spot televisivo que ha fallado en ese intento.

La terapia de “shock” masivo- para quienes aún no lo sepan- se ha convertido en una muy atractiva estrategia que pretende la obtención de resultados a través de elementos que produzcan impacto en las personas; de cierta forma, el impacto atrae, y la atracción vende. A la hora de pretender “concientizar”, o al menos sensibilizar al público, la tarea se complejiza de sobremanera, pues hacer profundizar en el conocimiento de la realidad de las personas, sobre un aspecto negativo como el coronavirus, no es lo mismo que venderles un producto “positivo”.

Ahora bien, un spot que le otorga voz a la pandemia que ha azotado a más de 184 países ciertamente podría ser considerado algo intimidante, sin embargo, no está ahí el error. El problema hace, una vez más, alusión a una falla de fondo, no de forma. Pues en un contexto como el nuestro, una propaganda así no es ni será productiva, los hechos lo están demostrando. Ni siquiera el spot más transgresor lograría un cambio de actitud de las personas, pues la raíz de su “desobediencia”, obedece, valga la redundancia, a otro aspecto más grande.

sábado, 4 de abril de 2020

Un Megabyte de Criterio

Los estándares de calidad no han sido muy propios de la esfera boliviana, en cuanto a innovaciones tecnológicas o al menos potencialidades que pretendan situarnos dentro de los parámetros más óptimos para el desenvolvimiento de nuestras actividades. Ciertamente, sucesos tan inesperados, como la actual crisis por la pandemia del coronavirus (COVID-19), son pólvora para prender la chispa y develar las falencias que a veces ignoramos. En esta oportunidad, esto se ha reflejado en la esfera tecnológica, incidiendo, de cierta manera, en su par educativa.

Es de conocimiento general que las tarifas de internet en Bolivia están por encima de lo general, en relación a los demás países latinoamericanos. A esto último, se le puede agregar que la velocidad de internet, en banda móvil (14,68 Mbps), es una de las más bajas de la región, solo por encima de Paraguay, Panamá, El Salvador y Venezuela. Esto, obviamente, sin entrar en discusión con las grandes potencias mundiales que experimentan estándares mucho más elevados de lo que la imaginación nos permita.

En estos duros momentos que vive la humanidad, el internet se ha posicionado como uno de los elementos más “vitales” con el que cuentan las personas. En Bolivia, y tal vez en Latinoamérica, hemos tardado demasiado en darnos cuenta de la importancia y utilidad que puede significar la red, prueba de ello los improvisados intentos de adecuar las clases a un modo virtual. Sin duda queda aprender de estos errores y comenzar a perfilar nuestras prácticas a la nueva orden mundial que configura el globo.

© Per_Se
Maira Gall