Sin duda el tema general que se ha apropiado de todas
las miradas es la actual emergencia que vive el planeta por la pandemia del coronavirus
(Covid-19). De ello desprenden una serie de perspectivas, que en singular no tendrían
mucha cabida; pero en conjunto forman un criterio público que resulta difícil de
eludir. Uno de esas perspectivas que se manejan, a más de cuatro meses de haber
surgido la pandemia, es la de mirar adelante y anticiparse a los diferentes
escenarios posibles que podría configurar la actual crisis.
Ciertamente ya se ha dicho todo
lo que tenía que decirse respecto a las repercusiones que, seguramente, va a
generar la actual pandemia. La esfera económica es la más analizada,
potenciales recesiones, eventuales concesiones por parte de los gobiernos,
conforman las secuelas de un capital detenido a causa del estancamiento de las
actividades laborales. Otros, por su parte, se inclinan por ver los efectos en
la esfera social, ambiental, etc. Sin embargo lo verdaderamente peligroso sería
escudriñar en posibles “beneficios” de esta pandemia global.
El nuevo “renacimiento ambiental”,
como efecto concreto de una pandemia que se ha cobrado miles de vidas, es una visión
contradictoria, pero muy socializada y aceptada. Y es que si bien es innegable
denotar que se han dado las condiciones para un espacio menos nocivo para
nuestro ecosistema, no podría compensar las innumerables vidas perdidas,
familias destrozadas y diferentes aspectos negativos que ha traído este virus. Personalmente,
estoy convencido de que el ser humano es también parte ese medio ambiente, y de
que las consecuencias no pueden ser visualizadas como positivas..