Considerado por muchos como una de las manifestaciones de compartimiento
más imperantes en Bolivia, el carnaval boliviano puede jactarse de ser una de
las festividades que más desprendimiento y “unidad” proyecta en la gente. Por
un momento nos olvidarnos de las diferencias que tanto nos caracterizan. Sería
recomendable apreciar cada minuto de la festividad, porque a la vuelta de la
esquina se vislumbran unas nuevas elecciones nacionales fragmentadoras ¡Y
vienen por todo!
Adalid Contreras, especialista en
estrategias de comunicación, clasifica a los sujetos votantes en cuatro tipos:
integrados, aliados, émulos y subsistentes. Los integrados, en palabras
concretas, vienen a ser los comprometidos, los militantes del proceso a
construir; los aliados son sujetos confiables que avalan el proceso; los
émulos, en contraposición, son la oposición manifiesta al proceso a construir;
por último están los subsistentes que serían los dudosos, que pueden estar a
favor o en contra.
La anterior aclaración tiene por
objetivo denotar la miope visión que poseen los actores políticos de turno a la
hora de congregar a la población. Parece que solo pretendieran gobernar para
sus militantes, haciendo campaña dirigida a reforzar la idea de sus potenciales
votantes comprometidos. Esto tira por la borda cualquier intento de generar verdadero
vínculo entre una población parcelada. Los ideales de unidad no deben ir dirigidos
a los actores políticos, sino a la población a la que se deben. Unidad solo hay en carnaval.
Antonio, ¡bien!
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