sábado, 28 de marzo de 2020

Cuando el Régimen es la Respuesta

Han pasado más de cuatro meses desde el surgimiento del coronavirus, por su nombre científico: Covid-19. La República Popular de China, otrora región más afectada por el virus hace unos meses, es ahora uno de los países que lucha por volver a la normalidad, tras haber superado gran parte de la crisis sanitaria. Una situación muy adversa se hace presente en Italia ahora mismo, donde, a la fecha, se calculan más de 10.023 fallecidos por la enfermedad, en tiempo récord. ¿Pero cuál es la diferencia para que el virus se haya podido contener en el país más poblado del mundo y esté haciendo estragos en otro, que además se jacta de tener un sistema de salud sólido?

En Bolivia se ha determinado "endurecer" las medidas para el cumplimiento de la cuarentena que inicio hace más de una semana, la misión, dirigida por las Fuerzas Armadas y la Policía Boliviana, es titánica. Y es que la indisposición a cumplir dicha cuarentena, por parte de la población, posee un aditivo particular: una tenue imagen de autoridad que reflejan las autoridades, valga la redundancia. Sin duda un fenómeno ya común y de conocimiento público, solo que muy acentuado en esta clase de crisis. Ya habrá tiempo para citar y analizar las razones del porqué.

Lo que el Gobierno pretende, ahora mismo, para atenuar el grado de virulencia de la crisis sanitaria por el coronavirus, es la respuesta a la pregunta con la que comencé este escrito. Uno de los aspectos fundamentales del accionar chino para paliar el virus fue, innegablemente, el estricto cumplimiento de las normas impuestas por sus autoridades. Obviamente sería inútil el comparar ese panorama al contexto boliviano, pues la forma de gobierno es diferente, lo cierto es que para bien o para mal es ese el camino que ha escogido el Estado, de resto queda ver su efectividad y eficiencia.

sábado, 21 de marzo de 2020

Lo Mejor de la Función

Comenzó hace casi más de tres meses y su impacto ha sido devastador desde que llegó a nuestra región. La epidemia por el nuevo tipo de coronavirus (COVID-19) se ha cobrado miles de vidas hasta la fecha -más de 11.400-, en el mundo, dejando un excesivo número de contagiados. En Bolivia quizá podamos presumir que aún no tenemos víctimas fatales del virus, sin embargo sería un despropósito decir que su efecto se ha frenado gracias a los pertinentes controles y las medídas asumidas por las autoridades de la mano con la población.

Resulta que dichos efectos ya se han hecho presentes en varias esferas del desarrollo de nuestra cotidianidad. Desde ver cómo los encargados de salvaguardar la salud de la población se niegan a atender a un enfermo, pasando por las desobediencias de sectores de la región, para acatar las medidas optadas para la contención de una eventual propagación del virus, sin olvidar mencionar la lamentable reacción de desprecio y odio de cierta parte de la población ante estos sucesos y sus actores.

Lo único cierto aquí es que una "cuarentena" no va a mitigar la esparsión del virus que ya padecemos los bolivianos. Tampoco el discurso de invitar a la gente a quedarse en casa lo va a hacer. Sonará irónico, pero lo que el boliviano necesita en estos momentos es salir, más que nunca, de su claustro y entender que a esta enfermedad no se la combate sólo ni encerrado; sino entres TODOS. Lo único cierto aquí es que esta clase de situaciones siempre saca, para mal, lo "mejor" de nosotros.

sábado, 7 de marzo de 2020

Lo Que Sube Baja


Todavía puedo recordar el preciso momento en el que la, en ese entonces, senadora de la bancada del partido Unidad Demócrata, Jeanine Añez, amparada por la sucesión presidencial, asumía la presidencia de Bolivia. Al son de aplausos, griterío y la posterior entonación del himno nacional, parecía que la Asamblea Legislativa se había convertido en una cancha de fútbol ¡Y el espectáculo prometía!

A la fecha, puedo asegurar que el imaginario colectivo -de una adecuada gestión de gobierno- por parte de la población, sobre el Gobierno de turno, se ha desvanecido, o al menos se ha opacado de manera circunstancial. Notables hechos de un mal manejo sobre las instituciones del Estado solo han denotado la reincidente “filosofía corrupta” que envuelve a los gobernantes que tenemos y que vamos a elegir menos de dos meses.


Tal vez el recurso en el que podría ampararse la Presidenta, sería el hecho de concentrar su mandato a la “pacificación del país”, como dijo textualmente en su discurso cuando asumió la presidencia el 12 de noviembre de 2019. Si lo miramos desde esa perspectiva, no habría de que quejarse, pues en ningún momento habló de una trasparente administración de los bienes del Estado. Sin embargo habría que recordarle a la mandataria cuál fue el punto más cuestionable del anterior gobierno.

© Per_Se
Maira Gall